Seguramente si hace unos días hubiéramos explicado el enfriamiento de las temperaturas de la superficie terrestre provocado por la erupción del Pinatubo habría sido difícil de creer para muchos que un volcán pudiera tener efectos globales de este tipo y que su influencia se prolongara tanto en el espacio y el tiempo.
La erupción de Eyjafjallajökull ha colapsado el tráfico aéreo del norte de Europa y muchas personas han seguido la evolución de la pluma de aerosoles a través de la atmósfera. La hemos visto desplazarse a través de los mapas de isobaras y ha dado vida a esas espirales de vientos que conectan los ciclones y los anticiclones.
Eyjafjallajökull ha unido arriba y abajo, Este y Oeste, antes y después y la actualidad ha unido a la dinámica atmosférica, la geológica y nuestras vidas que normalmente pululan ajenas a todo ello.
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miércoles, 21 de abril de 2010
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